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Bienvenido Benito. ¿Ha sido difícil estar de nuevo en el ring?
B: Siempre es difícil conseguir lo que uno quiere.
El póster que publicita tu último combate anuncia, “De los Muros al Ring”. Quiere decir mucho, ¿verdad?
B: Significa la vida que he dejado atrás y la vida que actualmente hago en el ring. El paso que he dado después de salir de los muros de la cárcel.
¿Ahora ya no tienes que pasar por la cárcel?
B: Sólo tengo que ir a la Ronda San Pedro –Barcelona-, el lugar donde vamos los que estamos con la condicional. Ahora es más llevadero. Por ejemplo, ya no tengo que ir a dormir a prisión.
Sólo el que ha estado entre rejas puede saber lo amargo que es...
B: Es un capítulo más de mi vida. Ahora estoy luchando por llegar donde quiero estar, que es en el ring y conseguir los títulos de los que me ha privado la cárcel.
¿Cuál es tu mejor golpe?
B: Es el croché de izquierdas, lo encajo bastante bien. Pero en función del adversario y de la esquiva, intento entrar la mano en el mejor momento.
¿Impones por tu fuerza o por tu pasado?
B: Soy una persona que prefiero relacionarme con aquellos que considero amigos de verdad. Esto es así porque vivimos en una sociedad donde las personas te prometen mucho, pero luego casi todo se convierte en papel mojado.
¿Fue entrar en prisión el golpe más fuerte que te dieron?
B: Realmente sí. Tuve que dejar a las personas que quiero: a mi padre, mis hermanos y mis amigos. Tenía tan sólo 24 años, había estado en los Juegos Olímpicos de Barcelona, tenía mi propio gimnasio...
Y, ¿cómo sucedió?
B: Yo soy una persona que, por los míos, cuando veo algo injusto reacciono enseguida. No miro lo que puedo llegar a perder. En este caso, era mi hermano mayor, Luis, el que estaba viviendo una injusticia y, como hermano, tuve que actuar. Yo reconozco mi equivocación porque no era ni el sitio ni el momento para hacer lo que hice.
¿Quieres contarnos algo más?
B: Fue un ajuste de cuentas. Mi hermano me comentó el acuerdo al que había llegado con una persona. Esa persona, que era de color, era portero de un puticlub al que yo había echado de mi gimnasio por falta de pagos. Cuando lo eché se puso un poco bravo. Yo estaba resentido de cómo me contestó y, cuando mi hermano me comentó el acuerdo, yo pensé que el mejor que podía callarle la boca era yo.
¿Cometisteis un atraco?
B: No fue un atraco, sólo un ajuste de cuentas. Los propietarios del puticlub, para poder cobrar del seguro los destrozos del local, dijeron que fue un atraco.
Hubo disparos, pero no muertos. ¿Por qué te condenaron?
B: Por dos intentos de asesinato. Además, como todo sucedió por la noche e íbamos disfrazados, nos condenaron a más años. Hay que añadir que en los domicilios nos encontraron armas: desde un machete, una pistola o un puño americano, lo que supuso un agravante más.
Y tu hermano, ¿ha salido en libertad?
B: No, por desgracia le están haciendo comerse la condicional. La cárcel, dicen, ayuda a rehabilitar a las personas, pero eso no es verdad. En las noticias está lleno de casos de violadores que vuelven a violar. Yo sé que mi hermano ha cometido errores- como fugarse de algún permiso-, pero ya lleva quince años en prisión. Es como si a un pajarito le abren la puerta de la jaula y éste busca la libertad.
He leído que cuando estabas en la cárcel le rompiste los dedos a un presidiario que tenía un punzón.
B: Quería pinchar a un funcionario de prisión y, además, me cabreé porque me rompió el polo que me había regalado mi madre.
¿Tan impulsivo eres?
B: Las injusticias no las soporto. Si en vez de ayudar a un funcionario, hubiese sido a favor de otro interno, también hubiera dado la cara. El funcionario, que era un chico joven, no sabía el lugar donde se había metido. Se trataba del Departamento de Psiquiatría y Enfermería y el interno estaba en observación porque iba hasta las cejas de todo lo que se había tomado.
Esta es solo una pequeña parte de tu vida.
B. Sí, otro día podemos conocer la otra si quieres.
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